
Uno de los propósitos del programa de la Revolución desde el inicio de la lucha contra la tiranía que imperaba en Cuba hasta el primero de enero de 1959 fue implantar un sistema sobre la base del derecho de todo el pueblo a la educación, sin ninguna discriminación.
ALGO DE HISTORIA.
En el año 1958 en Cuba había más de un millón de analfabetos y otro tanto de semi analfabetos. Millones de niñas y niños estaban sin escolarizar.
En su defensa en el juicio por los hechos de los cuarteles Guillermo Moncada, de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, el 26 de julio de 1953 el joven abogado Fidel Castro Ruz, se refirió a la situación imperante en la Isla relacionada con la educación y sobre ello, entre otras cosas señaló: “A las escuelas públicas del campo asisten descalzos, semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños en edad escolar y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario.” Y el líder de la revolución preguntaba: “¿ Es así como puede hacerse una patria grande?”
Esta triste realidad estaba presente en nuestra provincia con apenas unas pocas escuelas públicas donde a veces los pequeños no tenían ni tan siquiera donde sentarse. Maestras artemiseñas padecían las injusticias de tener salarios muy bajos y en no pocas ocasiones pasaban meses y no se les pagaba. El dinero de la merienda escolar iba a los bolsillos de los magnates politiqueros que enviaban a sus hijos a las escuelas privadas. Muchas eran las injusticias. Había que terminar con el abuso.
LLEGO LA LIBERTAD PARA CUBA.
A este doloroso hecho se enfrentó la Revolución Cubana y en cumplimiento de lo prometido, se organizó una de las campañas más hermosas de este pueblo: la alfabetización.
A lo largo del año 1961 se alfabetizaron más de 707 mil personas. El índice de analfabetismo de Cuba descendió desde un porcentaje superior al 20 por ciento en 1958 a poco más del tres por ciento tras la campaña de 1961, un resultado mucho menor al de cualquier otro país latinoamericano en ese momento.
El 22 de diciembre Fidel declaró a Cuba como territorio libre de analfabetismo. Sus palabras resumieron el esfuerzo:
“Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados. Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así -batalla-, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla. (...) Esa capacidad de crear, ese sacrificio, esa generosidad de unos hacia los otros, esa hermandad que hoy reina en nuestro pueblo. ¡Eso es Socialismo!”
A la intervención de Fidel, retumbó en la Plaza de la Revolución de la capital la unánime respuesta de todos los brigadistas:
“¡Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer!”
Este extraordinario logro revolucionario fue obra de una poderosa fuerza, constituida por 121 mil Alfabetizadores Populares; 100 mil brigadistas Conrado Benítez; 15 mil brigadistas Patria o Muerte; 35 mil maestros voluntarios, lo que hace un total de 271 mil educadores; unido a los cuadros dirigentes, políticos y los trabajadores administrativos llegan a la impresionante cifra de más de 300 mil participantes en la Campaña.
ESE DIA NO CONCLUYÓ LA CAMPAÑA.
Después de terminar con la alfabetización vino la continuación de estudios. La lucha por el sexto y el noveno grados. Para ello hubo también mucho esfuerzo, sacrificio y trabajo, pero también se lograron resultados satisfactorios. Sin temor a equivocarme aseguro que desde el primero de enero de 1959 en Cuba no se detiene la enseñanza.
Gracias a la Revolución en este archipiélago los maestros ocupan en la sociedad el puesto que merecen, tienen el reconocimiento que les corresponde, por ser las personas que preparan de forma adecuada a quienes tendrán la responsabilidad de dirigir el país y hacerlo bien.
Para Cuba la experiencia de alfabetizar no concluyó en diciembre de 1961, todo lo contrario. A comienzos de este siglo fue necesario emprender nuevas acciones para la enseñanza de adultos en otros países y surge el programa Yo sí puedo.
Utilizando los principios rectores que se aplicaron en la Campaña de Alfabetización, el Yo sí puedo ha llegado a más de 30 países y en naciones como Venezuela, Bolivia y Nicaragua fue el método empleado para eliminar el analfabetismo.
En el año 2006 el programa cubano mereció el Premio de Alfabetización Rey Sejong, que confiere la UNESCO, aunque ningún reconocimiento es mayor que haber enseñado a leer y a escribir a más de 3.5 millones de personas, de las cuales muchas ya reciben el programa de seguimiento Yo sí puedo seguir, que les permite completar la enseñanza primaria.
La educación cubana es modelo en el mundo. Considero que la realidad supera las expectativas. El propósito de la lucha se cumple. FELICIDADES EDUCADORES.