Bombones con sabor Tropical

Un estudio británico revela que a nueve de cada 10 personas les gusta el chocolate… y el décimo miente. Por eso la Unidad Productiva José Martí, ubicada en el otrora central del mismo nombre, en San Cristóbal, no tiene dificultades para conquistar el mercado con sus deliciosos bombones.

María Elena Guerra solía sembrar y guataquear en los cañaverales que rodean su centro de trabajo actual. Cuando en lugar de azúcar, la instalación fue dedicada a otros fines y se convirtió en la primera de diez fábricas chocolateras proyectadas en el país, cambió el azadón por otros utensilios para producir bombonería fina artesanal.

“Tomé el curso de la Tarea Álvaro Reinoso, con deseos de seguir hacia delante. Quisiera enviarle un saludo al Comandante en Jefe Fidel; estoy enamorada de mi labor aquí, es un trabajo muy bonito”.

Si en 2006 fueron irrentables y apenas producían 400 kilogramos al mes, ahora el plan mensual oscila entre 5,5 y 6,3 toneladas, no solo de bombones sino también de tabletas, con destino al aeropuerto, hoteles y tiendas que venden en divisas, así como al Mincin.

Cierto, ¿a quién no le gusta el chocolate? Pero, además de la competencia con la marca cubana La Aurora, habrían de enfrentar los muy publicitados surtidos de las foráneas Arcor, Nestlé, Lindt, Ferrero Rocher o Mon Cherry. Entonces, recurrieron a imprimirle un sello propio, con frutos o licores tropicales.

Rellenaron sus bombones con licor de Guayabita del Pinar, pequeñas piezas de café Turquino, mango, miel, cítricos o con nuestro ron Havana Club, y garantizaron el éxito.

Durante su primera visita a Cuba, la pareja estadounidense de Nigel Lone y Debra Mitchell quedó encantada con nuestro país. Por si no bastara, accedió revelar algo que descubrieron en Varadero y luego en el hotel Habana Libre: “los bombones elaborados con Guayabita del Pinar son de lo mejor que hemos probado jamás”.

Sinsabores del chocolate

Ya en 2011 evitaron compras en el exterior equivalentes a más de 183 000 dólares, mediante las 19,2 toneladas de sus chocolates que colocaron en el mercado en divisas. Este año plan de bombones y tabletas asciende a toneladas; por tanto, contribuirán a un ahorro más significativo.

Juan Miguel Bernal, jefe de la Unidad Productiva José Martí, perteneciente a Chocolatería y Derivados de la Harina Guamá, asegura que hasta el momento de nuestra visita cumplían lo previsto al 102 por ciento.

No obstante, se refirió a las dificultades con el abastecimiento de estuches, principalmente envases y expositores para las tabletas.

“En 2013, desde el mes de noviembre habíamos cumplido, por la fluidez en la entrada de insumos y envases. En 2014 no sucedió así, debido a carencia de estuches y de ciertas materias primas”, advirtió.

“Entre julio y septiembre debemos  lograr altas producciones, para abastecer los centros recreativos habaneros y a los municipios cabeceras de provincias”.

Bernal comentó que, sin embargo, el resto del territorio artemiseño no recibe sus chocolates, como antes. Ni en el propio San Cristóbal se venden hace dos años.

“Nuestra Dirección Provincial de Comercio, Gastronomía y Servicios debería extender la distribución, no solo ofertarlos en la capital. Igual aquí, en Güira de Melena, en Alquízar, San Antonio de los Baños y otros municipios tienen tremenda aceptación los bombones y tabletas.

“Cuando éramos una UEB (Unidad Empresarial de Base), y teníamos un vehículo propio para distribuir, nunca estuvo el almacén tan abarrotado. Además, ahora el producto lo llevan a La Habana y, tanto Artemisa como Pinar del Río, tienen que ir a buscarlo allá”.

¿Con maní artemiseño?

Pudieran elaborar otros surtidos, pero en la “bombonera” sancristobalense no disponen de frutos secos como almendra y avellana, los cuales habría que importar. Al parecer, también encontraron solución para esto. “En el laboratorio de nuestro Instituto Nacional realizan un estudio de factibilidad para el uso de maní y ajonjolí cosechados en Cuba: si la limpieza y la talla del grano son las adecuadas para el chocolate, y que estén certificados.

“Lo otro importante para lograrlo es la existencia de un mercado seguro. Sabemos de un productor artemiseño bien conocido, fabricante de los turrones Don Pedro; habrá que probar y ajustar los precios de compra de este insumo, quizás hasta 500 kilogramos”, explica Bernal.

Y es que si estos bombones salen de una fábrica situada entre cañaverales, desde luego han de desplegar toda su imaginación para abrirse paso entre tanto verde con el olor cautivante del chocolate.

Ya han demostrado empeño en diversos fórum, con formulaciones bien sugerentes. Después de todo, cuentan con el cacao procedente de la región de Baracoa, Guantánamo —considerado uno de los mejores del mundo— y la voluntad de 25 trabajadores, jóvenes como Yenitza Díaz, y fundadores como María Elena o Reinaldo Sánchez.

Resulta peculiar la estabilidad de la fuerza de trabajo, así como su amor por esta obra de fundir el chocolate, decorarlo y hacerle tentar a quienes saben que libera endorfinas en el cuerpo… y provoca sensación de bienestar, excitación, placer y felicidad.