
Estudios en Internet señalan que, según datos de una evaluación regional, los latinoamericanos generamos cada día 0.63 kilogramos de residuos sólidos por habitante. Una persona de 75 años ha producido, a lo largo de su vida, 17.2 toneladas de residuos… y una familia tipo, de cuatro miembros, casi 70 toneladas, lo que equivale a un volumen aproximado de un millón de latas de aluminio.
¿Cómo controlar que esa basura no invada nuestras calles, parques y casas? ¿Quién tiene la responsabilidad de velar por eso?, ¿solo los trabajadores de Comunales?
Por supuesto que corresponde a quienes laboran en esta entidad recoger los desechos sólidos, pero preocuparse por la eliminación de los microvertederos y la no proliferación de la basura regada en cada esquina ha de ser un compromiso de cada ciudadano.
Aunque quedan deficiencias por solucionar, la Empresa Provincial de Comunales lleva a cabo diversas acciones en los municipios para combatir esas indisciplinas sociales, e incrementar la estabilidad en el horario de recogida.
Los que despiertan más temprano
Cuando todavía las luces de bombillas y farolas iluminan las calles de Bauta, y la mayoría de sus habitantes duerme, un grupo de hombres se bate con la suciedad sin escatimar empeño, para que la ciudad amanezca limpia y los transeúntes observen un paisaje claro.
Desde las 5:00 de la mañana, cuatro brigadas de la UEB municipal de Comunales recorren las calles del casco urbano y de los asentamientos, llevándose consigo los desperdicios del día anterior. ¡Noble tarea!
Mientras nosotros sacamos nuestra basura de la casa solo hasta la esquina, ellos la trasladan para que no vuelva a molestarnos.
¿Por qué entonces no tener un poco de conciencia? ¿Por qué no valorar más su esfuerzo y sacar los desperdicios en el horario establecido? Una de sus principales quejas radica precisamente en la indolencia de la población.
Recoger la basura es tarea fácil, si se compara con la lucha por mantener la limpieza, la cual sí depende de los pobladores, de su compromiso con el lugar donde viven.
Bauta es uno de los municipios que ha recibido equipos a fin de beneficiar y agilizar las labores. Desde hace poco más de un mes emprenden la recogida de desechos sólidos en los seis consejos populares. Disponen de 11 cajas aspiroles para la concentración de la basura, distribuidas en las distintas zonas, así como tractores con carretas, cargadores mecanizados y camiones.
En estos momentos mantienen estabilidad en los horarios de recogida, según Israel Uraldes, jefe de transporte de la UEB; ahora el reto consiste en crear conciencia en la población para que los respete.
Segunda batalla
Después de concluida la jornada de recogida de basura, los trabajadores inician una segunda batalla: el saneamiento del pueblo. Están inmersos en eliminar microvertederos en las zonas más afectadas, como La Laguna y La Cubalina, señaló Uraldes.
Además, trabajan en las cercanías del vertedero municipal, pues a casi 300 metros, personas irresponsables han creado un tiradero de basura. Quizás el difícil acceso cuando llueve provocó tal situación, aunque no la justifica.
Una de las estrategias para evitar que vuelva a suceder, es la colocación de una garita con un custodio para regular el acceso al lugar, explicó Félix Rodríguez, director provincial de Comunales. No tener cubierta la plantilla obliga a un mayor esfuerzo, entorpece el control y propicia que ocurran cosas como estas, agregó.
Para Alexander García, jefe de la brigada Uno y delegado del Poder Popular, es muy difícil combinar ambas faenas, pero no imposible. Ha de multiplicar su tesón en pos de la higiene de Bauta, sin ceder en el de representar al pueblo que votó por él.
“Necesitamos que las personas tomen conciencia. La empresa ha mejorado sus servicios; el cuidado de cuanto se haga está en manos de la población”.
Antonio Reyes, quien atiende la higienización del consejo popular Dos, explica que ha visto muchos cambios en sus 28 años en Comunales. “Antes solo cobrábamos 132 pesos; ahora, con el pago por resultados, hemos cobrado hasta 800”.
Sin embargo, para Miguel Chávez, jefe de la brigada Dos, la principal inquietud de sus subordinados apunta al bajo salario, el cual a veces no se corresponde con su afán.
Recientemente recibieron guantes (no con la mejor calidad, así que deben cambiarlos de forma reiterada), palas y rastrillos para aumentar la calidad en el trabajo. No obstante, les preocupa la carencia de nasobucos y de útiles de aseo personal.
Lo cierto es que, pese a las dificultades, necesidades e inconformidades, estos hombres se levantan bien temprano, con alegría y jovialidad, para regalarnos un entorno limpio. Tan noble labor merece el respeto y reconocimiento de quienes nos beneficiamos de esta, no solo en Bauta sino en cualquier paraje de nuestra provincia.