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Sentir el olor de esta tierra

¿Qué perspectivas tiene la identidad artemiseña?

En apenas cinco años he muerto mil veces, pero he sido también dos veces campeón mundial:

cuando las campanas doblaron por alguien de Güira de Melena, Bauta o Bahía Honda; cuando el mar le robó una porción de costa a Alquízar; cuando la candelariense Idalys Ortiz ganó las medallas de oro en Cheliabinsk y en Río de Janeiro… esas tristezas y alegrías igual fueron mías.

 

Quizás a mí me resulte más fácil llevar en las venas a los 11 municipios de esta nueva provincia, porque vivo en el elegido para ser su capital; sin embargo, nací en San Antonio de los Baños, amo con todas mis fuerzas a San Cristóbal y me siento en casa cuando paseo por Guanajay.

Latir por gente de aquí y de allá, por ciudades y pueblos con colores y escudos diferentes, separados por más de una División Político Administrativa (DPA), no me parece una utopía sino una obra que requiere de un trabajo tenaz e inteligencia. Tal vez hasta me califiquen de soñador; por suerte, no soy el único.

Rachel Verdasquera, una jovencita guanajayense, asegura que se siente artemiseña. “¿Por qué no?”, me pregunta. Y Anyi Llera, también de la tierra de Carlos Baliño, afirma que Guanajay sobresale más ahora, y tiene la oportunidad de desempeñar un mejor papel.

¿Amenazas? ¿Oportunidades?

En cambio, la sancristobalense Amalia Miranda revela que su corazón continúa latiendo por Pinar y su equipo de pelota. “Es mi origen. Muchos piensan que no ha sido beneficioso el cambio, que el municipio tenía mejor desarrollo antes”.

Para Rossana Fuentes, especialista de Comunicación en la Universidad de Artemisa y natural de San Cristóbal, la identidad es una construcción socio-cultural y subjetiva en cada individuo, con raíces históricas, económicas, de tradiciones y costumbres.

“La condicionan acontecimientos, circunstancias y vivencias. Esos sentimientos de pertenencia no surgen de inmediato. Los habitantes de Artemisa sienten ante todo lazos que les atan al municipio donde nacieron o residen, en lo cual influye el desconocimiento de una historia en común como provincia, y que la conocida continúa parcelada a los espacios antes correspondientes a otras.

“En enero de 2011 entró en vigor la nueva DPA, por la cual Artemisa abrigó territorios que pertenecían a Pinar del Río (Candelaria, San Cristóbal y Bahía Honda), y otros como Alquízar, San Antonio, Güira, Caimito y Bauta, antes de La Habana. También acogió a Guanajay, Artemisa y Mariel, que eran pinareñas, a partir de 1965 pasaron a la provincia Habana y en 1976 a La Habana.

“El entramado puede resultar complejo. No obstante, equipos, deportistas o agrupaciones culturales artemiseñas que obtengan prestigio y posicionamiento nacional, pueden contribuir a aglutinar el sentimiento territorial.

“De la misma forma, conocer hechos de relevancia económica en que participen hombres y mujeres de los diferentes municipios, puede ser otro viabilizador… y, desde luego, el futuro desarrollo de Mariel, si se vincula correctamente a la provincia, más allá de su repercusión nacional”.

Por hacer y por contar

Elén Montero, de la propia cabecera provincial, dice apreciar más desarrollo económico, estética, construcciones nuevas… “pero falta demasiado en lo cultural, y la cultura es el alma de los pueblos”.

Miguel Terry, escritor y periodista radicado en Caimito, contrasta la fuerte identidad de quienes proceden de Pinar del Río, y subraya que en el empeño de forjar nuestra identidad queda sumar a los mejores talentos de Artemisa.

“¿Por qué nuestra provincia no encuentra en un lugar destacable ni una sola escultura de Juan Quintanilla, uno de los mejores escultores cubanos contemporáneos, con obras reconocidas en medio mundo y en medio de La Habana Vieja? ¿Cuántos saben quién es?

“Falta mucho por contar de la Historia de esta provincia, más allá de los mártires del Moncada, Angerona, la masacre de Cabañas, la caída de Maceo y la Trocha Mariel Majana. Artemisa está llena de grandes acontecimientos, por ella no solo pasaron Gómez y Maceo, sino también el general Quintín Banderas (asesinado en Bauta).

“¿Y quién conoce que Gómez era capaz de llorar su error sobre el hombro de un joven mambí, al que había castigado injustamente, sin que el joven entendiera por qué un general, solo por reconocer un error, lloraba a lágrima viva? Anécdotas como esa sucedieron en esta provincia.

“Eso también es identidad, como los cientos de cimarrones que plantaron su supervivencia en medio de las lomas, y no les hacemos la más mínima mención en nuestras escuelas”.

Mucho en común

Daniel Suárez, presidente de la filial de la Unión de Historiadores de Cuba, aprecia desde el inicio la aprobación a ser artemiseños. “No he visto aquí lo que sucede entre Sancti Spíritus y Trinidad, Bayamo y Manzanillo, Gibara y Holguín, Ciego y Morón.

“Sucede muy al contrario: hay tradiciones, gustos y un carácter muy similar entre quienes habitamos toda esta región, además de caminos, actividad económica, historia, festividades y cultura, que no se diluyeron porque algunos hayan pertenecido a Pinar. Por eso acoplamos muy bien.

“Resulta muy difícil escribir por separado la historia de cualquiera de nuestros municipios: Maceo se movió por todo este territorio; estuvo en un lugar, se trasladó a otro, regresó al primero. Hay una historia común que compartimos, y es clave para la consolidación de la identidad.

“Hemos vivido en una u otra provincia, pero estamos muy unidos. Eso se respiró el año pasado, cuando fuimos la sede del acto central por el 26 de Julio.

“Claro, cuando nació la provincia no existían las condiciones que en 1976, cuando surgieron Camagüey y Ciego de Ávila, y de Las Villas germinaron Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos. Si hay dos espacios geográficos que han tenido condiciones desventajosas somos Artemisa y Mayabeque, por la proximidad con la capital del país.

“Pero la voluntad de las autoridades y el diseño del funcionamiento de la provincia, de sus actividades, favorece que los municipios se complementen e integren.

“Por idiosincrasia, los pinareños son más organizados, dispuestos, disciplinados, pero he escuchado a muchos de los tres territorios acogidos por Artemisa que su dirección no los atendía.

“Debemos aprovechar cuanto nos une. No hablo de construir una identidad, sino de consolidar esa cuyos rasgos nos identifican desde finales del siglo XVIII e inicios del XIX, a quienes nos asentamos del lado de acá del río Los Palacios hasta las puertas de La Habana”.

Un paso firme

Mientras mejor hagamos las cosas, se enraizará más la identidad. Esa es la idea esencial que defiende José Antonio Valeriano, miembro del Comité Central y Primer Secretario del Comité Provincial del Partido.

“Tenemos la voluntad, y el proceso marcha bien, pero no se logra pronto ni por decreto, sino por muchos éxitos que lleven a la gente a sentir orgullo de su provincia.

“Cuando clasificamos dos veces a la segunda fase de la Serie Nacional de Béisbol, los aficionados comenzaron a hablar de Artemisa, y no de Pinar ni de La Habana. Eso da identidad, como también que en cada entrevista a (la ciclista) Marlies Mejías, ella menciona a Güira.

“Así sucede con los rendimientos cañeros en el Lincoln. Una buena zafra propicia identidad, una mala la quita. Si tenemos oscuro el parque donde la familia va a usar la wifi y mal servicio en el Coppelia, qué podemos esperar. Es muy diferente cuando alguien te dice: ‘si tú quieres de verdad ir a un Coppelia bueno, ven al mío’

“Y ocurre con esa entrada linda de Artemisa, y con los mártires; se dice con orgullo que 28 fueron al Moncada, pero aun más cuando hablan de 42, con los de cada territorio de la provincia. Habrá una identidad más fuerte el día que nuestro Estadio 26 de Julio tenga sus luces y mejore el nivel de vida y las condiciones del pueblo.

“Las circunstancias nos han llevado a ser de las naciones que más luchen por su identidad. En esa perspectiva, forjar la de la provincia no es de vida o muerte; en definitiva, todos somos cubanos, pero cuando logremos la nuestra daremos un paso firme para arraigar más la cubanía”.

Entonces, quizás nos suceda como a Manuel Isidro Méndez, autor de uno de los textos de historia de Artemisa, quien cuenta que, cuando iba llegando a estos lares, comenzaba a sentir el olor de su querida tierra.

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