La otra geografía de Rancho Canelo

La granja perteneciente al Grupo Empresarial Agropecuario del Minint ha revitalizado aquella geografía agreste, a fuerza de motosierra, tenacidad, empleo de la ciencia y la técnica… y atención al cafetalero

Sus manos son tan veloces que me cuesta trabajo lograr una buena foto. Como promedio, en cada jornada “Papi” recoge cinco latas de café; a veces llega a seis. En un par de minutos decolora una planta, al arrancarle sus granos rojos y amarillos. Pero no es solo un éxito personal, sino el espíritu de un colectivo, el de la granja Rancho Canelo.

En el corazón de las lomas de Bahía Honda, a casi 40 kilómetros de la cabecera municipal, un grupo de hombres y mujeres bajo la guía de Gelasio Rivera, ha transformado el entorno: ya no crece la maleza sino vistosos cafetales.  

Si a inicios de 2013 se enorgullecían de haberle arrebatado al monte 55 hectáreas que luego poblaron de cafetos, hoy suman 192: apenas les quedan otras 18 por recuperar y cubrir con siembras nuevas en 2016.

La granja perteneciente al Grupo Empresarial Agropecuario del Minint ha revitalizado aquella geografía agreste, a fuerza de motosierra, tenacidad, empleo de la ciencia y la técnica… y atención al cafetalero.

La agilidad vale mucho

“Ojalá pudiera trabajar más”, afirma Yanelys Fábregas en alusión al afán que pone en recoger dos y media latas de café diarias. Diana Cordero logra igual promedio. Ambas fueron contratadas hace dos y tres meses, respectivamente. Son buenas trabajadoras, solo lamentan no tener la destreza de Caridad Martínez (Papi).

Sin embargo, por estos días cobrarán 1 900 pesos cada una, que corresponden a su labor durante noviembre, además de dos pollos, varias libras de arroz y de masa cárnica, entre otros productos incluidos en el sistema de estimulación.

Sus ingresos y cuanto llevan a casa cada mes, proporcionan una idea bien fiel de cómo premian los resultados en Rancho Canelo. Buena parte de quienes ven salir el Sol en las plantaciones de esas lomas perciben beneficios similares.

Por supuesto, nadie obtiene una retribución tan alta como Papi, que cobrará 6 035 pesos y, semanalmente, se ha ganado un surtido considerable de alimentos, entre pollos, gallinas, aceite, arroz, huevos…

“Desde que ‘pegué’ a trabajar ha sido en el café. Son 34 años. ¿La habilidad? Eso es sobre todo no perder tiempo”, comenta entre bromista y medio enfadado por haber perdido el ritmo un instante.

“Hasta el día 24 había recogido 134 latas, de manera que va a recibir más de 6 000 pesos, pero, por concepto de su trabajo, la granja ingresará 21 574”, comenta Gelasio Rivera.

El futuro a su alcance

Hubo una vez en que apenas iban cargados de sueños y deseos de hacer; hoy basta buscar el engreído marabú de entonces, y ver en su lugar las nuevas plantas, listas a ofrecer ese grano tan preciado para los cubanos. “El próximo año entrarán en producción los cafetales restantes; será difícil recogerlo todo”, sostiene Rivera.

En esta ocasión esperan exceder las 9 500 latas, y continuar el crecimiento sostenido que previeron hace cuatro años y necesita la economía cubana para dejar de importar un producto antaño distintivo de este archipiélago.

Bien recuerdan los artemiseños que Angerona llegó a ser el cafetal más grande del país, y Cuba el primer exportador mundial a inicios del siglo XIX. Pero, de producir anualmente 62 000 toneladas en la década del ’60, pasamos a acopiar apenas 6 000 e importar 8 000 anuales para garantizar el abastecimiento a través de la libreta.

De modo que estos bahiahondenses persisten en incrementar la producción, y en hacerlo con los mejores granos (ver gráfico 1). “El 75 por ciento del café cosechado hasta el 24 de noviembre (6 072 latas) es de primera”, asegura Yusnier Morejón, técnico de control de la calidad en la Despulpadora Rancho Canelo.

A este afán han contribuido los precios actuales que reciben los recolectores (ver gráfico 2) y el sistema de estimulación, esencialmente con alimentos salidos de sus tierras e instalaciones.

“Sembramos boniato, plátano, yuca… con el propósito principal de autoabastecernos, de garantizar lo que consumimos en el comedor, aunque igualmente le entregamos al Minint y a la Cooperativa No Agropecuaria Agromercado La Victoria, de Bahía Honda.

“El año pasado logramos 18 quintales de mango, tras recoger los primeros frutos de las matas que plantamos al lado de la carretera. Acopiamos buena cantidad de naranja agria, frijoles, e hicimos 14 000 pesos por la venta de palmiche”. Asimismo, crían carneros, cerdos y, sobre todo, pollos.

Han emprendido una senda de la cual ya dejaron varios kilómetros atrás. De ahora en lo adelante no solo vivirán momentos de esfuerzo sino de premio a cuanto se sacrificaron al comienzo. Como asegura Gelasio: “lo que dijimos que íbamos a hacer, ya está hecho”.