Recuperar el valor del peso

Ni la calabaza convertida en carruaje de la Cenicienta costaría tanto. Pareciera un lujo comprar una de estas hortalizas, pese a que las hay todo el año y crecen silvestres por doquier. En las ferias dominicales de productos agropecuarios el gran problema sigue siendo los precios, altaneros, inalcanzables, abusivos.
La capital provincial dispone de una plaza envidiable para la feria: asfaltada, espaciosa, llena de kioscos y con propuestas diversas. Este domingo el restaurante Yang Tsé convidaba a sendos almuerzos por 15 pesos, uno con pollo asado y otro con cerdo ahumado. También Cultura y la venta de panes y dulces son ya habituales.
Unos días se aprecia mayor variedad que otros; hasta peces ornamentales es posible hallar. Sin embargo, muchos continúan inconformes, porque la razón de ser principal de este espacio consiste en el comercio de alimentos para la familia… y quien solo disponga del salario no puede gastar cien pesos cada fin de semana, en llevar a casa apenas una jaba de productos.
Precios escandalosos
“Cinco libras de tomate, un par de coles y unos ajos ni siquiera llenan una jaba; no obstante, me costaron 70 pesos”, protesta María Eulalia. “¿Cómo puede una libra de ají valer 15 pesos?”, agrega Yamilé Valdés.
Igual sucede que pidan 10 pesos por cuatro o cinco zanahorias, siete por cuatro remolachas o 26 por una frutabomba. Y las tablillas anunciaban otros precios como para escandalizarse: yuca a 2.50 pesos la libra, boniato a dos y tomate a diez, en casi todos los puestos.
En uno de los kioscos de la cooperativa Julito Díaz, Héctor Cruz explicó que él vende lo que le proporciona el productor (Sandy Cruz Santoyo). “Él me dice a cómo vender”. Mientras, Fidel Jaime hace otro tanto para la CCS Marcos Martí. “Los precios los pone el productor (Pedro Uranga)”.
Al vendedor de la CCS Sierra Maestra le ocurre de modo similar: comercia lo que el representante de la cooperativa le entrega. Asegura tasar el boniato a 1.50 o 2.00 pesos, “en dependencia de lo que exija el guajiro. Ahora mismo no va a encontrar una malanga aquí. ¿Sabe cuánto quiere el campesino en el campo? Cinco pesos por libra, como en el mercado El Trigal, en La Habana. ¿Si se la pago así, a cómo la vendo: a siete, a ocho?”
Costo y precio
Un puesto más allá está Martín Pérez, productor de la CCS Rigoberto Corcho, de Güira de Melena. Leo sus precios: entre otros, boniato a 2.00 y tomate a 10.00. “Ese es el precio de ayer; hoy el tomate está a ocho”. ¿No le parece caro?, le pregunto. “Por supuesto que no”, responde.
Pavel Callao, representante de la CCS Antonio Guiteras, resultó más comunicativo. “Mi suegro es productor. Yo pongo los precios. ¿El tomate a diez pesos? Puede que esté caro, pero ahora está escaso (no cabe interpretar otra cosa sino que quiso decir: hora de aprovecharlo).
“¡Ojalá pudiera bajarle el precio! Este lo compramos en El Trigal, a 320 pesos la caja; sale como a siete la libra, luego hay que descontar la merma”.
El vendedor de la CCSF Leopoldo Reyes, de San Cristóbal, dice haber comprado el tomate en La Habana y a guajiros de la zona, de 300 a 400 pesos la caja. “Me parece caro a 10 pesos, pero si se compra caro, ¿cómo lo voy vender? ¿Y el petróleo de ir a buscarlo?”. Le pregunto si ganándole un peso a cada libra no da… y se encoge de hombros.
Por su parte, Dunieski Martínez, de la CCS Julito Díaz, afirma que en las reuniones de la cooperativa se insiste en que los precios deben ser bajos, sobre todo los de la yuca, el boniato y la calabaza, incluso él vende un poco más barato que el otro puesto de su propia entidad.
Propone el tomate a nueve la libra, solo que él mismo lo produce, y asegura que el costo puede ascender hasta 350 pesos la caja. Le pregunto si no hay mucha diferencia entre costo y precio, y solo contesta que es probable.
Un peso no equivale a poco
Algunos parecen no darse cuenta de que cuando le ganan un peso a un producto ¡es uno por cada libra! A todas las cajas de tomate que venden basta sumarles los quintales de yuca, calabaza, plátano, los mazos de cebollas… y entonces su ganancia deja de ser tan simple como aparenta.
De ese monto salen todos los gastos —incluida la transportación— y queda más del doble o el triple del ingreso diario de cualquier trabajador, sea médico, maestro, técnico u obrero.
Leonardo García se mudó a la capital de todos los cubanos, y contrasta que ya los precios en Artemisa son más altos en comparación con los mercados que frecuenta en La Habana. “Solo compramos los platanitos maduros, la habichuela y la frutabomba de un camión habitual. Antes veníamos todos los domingos, pero todo se ha encarecido”.
Yosvani González agrega que “si llegas muy tarde ni encuentras productos ni le bajan los precios a los que quedan (aunque sean de rezago), como si la calidad no importara, solo ganar más dinero”.
Igual en otros lares
El punto de encuentro en Alquízar es la feria agropecuaria en la plaza 4 de Abril, único sitio donde confluyen diferentes formas productivas y hay cierta variación en los precios en comparación con los carretilleros, aunque no se acercan a las necesidades del pueblo.
Este domingo el camión de la CPA Amistad Cuba-México era de los más concurridos, con plátanos macho y burro, col, yuca (más barata que la del resto de los vendedores), tomate, y arroz a tres pesos, entre otros productos.
Juana María Martínez, asidua visitante, destaca que a veces hay más concurrencia de personas y cooperativas, lo cual propicia que bajen un poquito los precios.
En Bauta, los pobladores elogian el número de ofertas en su feria; los criterios divergen cuando a precios se refieren: si bien aquellos con mayor poder adquisitivo están conformes, para otros no juegan con su salario.
Tres cooperativas, personal del comercio y la gastronomía y algunos carretilleros llevan sus productos, con varios precios en dependencia de la calidad y la entidad que los suministre: dos mazos de cebolla por 25 pesos, 10 o 15; malanga, de 3.00 pesos la libra hasta 4.50; y tomate desde 5.00 hasta 15.00.
En algunas tarimas no aparecen las tablillas de precios. Unos alegaron no haber tenido tiempo de ponerlas, otros que no todos los productos cabían, pero esa irregularidad siempre perjudica al cliente.
Y en Mariel las opciones del domingo no distan mucho de las del resto de la semana. Por eso la mayoría de los pobladores no concibe este espacio como el lugar idóneo en el cual encontrar alimentos, ni a menor precio y ni siquiera lo identifican como una feria.
En la mañana de este domingo apenas estaban disponibles las ofertas de los cuatro puntos de venta habituales; solo en ciertas oportunidades se les suma algún que otro camión o tractor. El Agromercado El Mariel, gestionado por una Cooperativa No Agropecuaria, muestra otras alternativas, pero igual los precios se mantienen distantes de los bolsillos de la población.
A poco de nacer la provincia, estas actividades rotaban por cada una de las localidades caimitenses; sin embargo, hace más de un año los consejos populares de Ceiba del Agua y Pueblo Nuevo de Ceiba no reciben las ferias dominicales. La última ocasión en que la anunciaron, en Naranjos Sur, se suspendió: para sorpresa de quienes nos desplazamos hasta allí, no había nada que ofertar.
La única alternativa de los residentes en estas comunidades son los carretilleros, con sus precios exorbitantes, y algunos campesinos que pregonan sus productos por las calles.
Sin lugar a dudas los mecanismos no han sido efectivos: en unos lugares ni siquiera abundan las ofertas, en otros hay variedad pero los productos se tornan inalcanzables. Mucho se ha discutido sobre la controvertida oferta y demanda, la regulación de los precios, así como el papel de la ANAP y de las autoridades en los municipios.
Por lo pronto, los vendedores insisten en sus precios descabellados. No entienden que un peso por libra pueden ser muchos pesos.




