¿Carretilleros o revendedores?

Hace varios años les veíamos con sus carretones pregonando productos de la tierra. Muchos los esperaban. Aquella actividad se legalizó con la figura del carretillero o vendedor de productos agrícolas en forma ambulatoria, aunque son muy pocos los que continúan esa tradición en nuestra provincia.
El ejercicio de esta actividad dista muchísimo de la de entonces y de lo estipulado por la ley, según la cual pueden transportar cargas en carretillas o similares, comercializar productos agrícolas en la vía pública sin establecerse en un área fija, cumpliendo las regulaciones urbanísticas y lo establecido por los Consejos de la Administración en cuanto a itinerarios.
Alfredo Espinosa, especialista del área de trabajo no estatal de la Dirección Provincial de Inspección, revela que, entre enero y noviembre de 2015, se aplicaron multas a 679 carretilleros por utilizar espacios, locales o recorridos no contemplados en su actividad, y a 669 por comercializar artículos y productos no autorizados.
Eso de comercializar productos agrícolas en la vía pública sin establecerse en un área fija, se viola constantemente. Francisco Sierra, carretillero en la cabecera provincial, opina que es muy difícil deambular con una carreta tan pesada, y se estaciona en un lugar para que las personas vean las mercancías y las puedan comprar. Jorge Reyes y Ariel Rodríguez, también de la capital, coinciden con Francisco. A Jorge lo multaron por estacionarse durante un tiempo prolongado.
Varios carretilleros de Bauta alegan que no se mueven por los barrios debido a tres razones fundamentales: la cantidad de ellos, las malas condiciones de las vías y el tamaño de las carretillas, de las cuales nunca se establecieron las características que debían poseer.
¿Por qué tienen tantos productos las carretillas al punto de parecer quioscos? Cierto, nada regula ni la cantidad de mercancías ni el tamaño de la caretilla. Aun así, firmaron un contrato que violan, y la Ley se hizo para cumplirla.
Altos precios, el mayor problema
Edelmira Fuentes, residente en los Edificios de Las 400, en Alquízar, asegura que su salvación es un muchacho que pasa todas las tardes, no en una carretilla sino en un bicitaxi acondicionado como punto de venta móvil.
“Puede ser que algunas cosas estén más caras, pero la mayoría están al mismo precio de los quioscos, tienen buena calidad, son productos frescos, muy variados, y el joven los trae hasta la puerta de la casa”.
El alquizareño Reinerio Martínez aporta otra pincelada. “Es cierto que venden varios productos un poquito más caro, pues algunos no son los dueños de la carretilla o hay muchos intermediarios. Como no existe un lugar estatal con precios más baratos, salvo la feria dominical, es mejor comprarle a ellos, pues son la mejor opción para quienes la salud no nos permite ir lejos a comprar”.
Pobladores de Bauta aducen que “quienes tienen enfermos no pueden comprar malanga, pues una libra cuesta una barbaridad”, o que “el precio de los productos no está en correspondencia con el salario promedio.” Con esto último coinciden el caimitense José Mario Mera y varias mujeres de la capital provincial.
Entre justificaciones y falta de gestión
En contados casos, los carretilleros acercan los alimentos a nuestros hogares, aunque también la población acude a ellos porque en ocasiones suele ser casi lo mismo que comprar en cualquier quiosco de una cooperativa.
Juan C. Expósito, carretillero de Caimito, afi rma que adquiere los productos en el Mercado El Trigal, donde tienen un costo elevado. “Súmale el alquiler de un carro para ir a buscarlos y el pago de la patente. Eso ocasiona que no sean baratos”.
Igual los artemiseños Héctor Cruz y Miguel Preval compran la mercancía en el mencionado sitio. Defienden que allí encuentran mayor variedad de productos, como cebolla y ajo; por eso no recurren a los productores locales. ¿Acaso no es más barato buscarlos en las fincas de su propio municipio? ¿Dejarán de ganar por no vender cebollas y ajos? ¿Les corresponde a los carretilleros gestionar y ofertar lo que no se siembra en su terruño?
Hace más de dos años que el marieleño Heriberto Varderá es carretillero, e indica que la variedad depende de lo que traigan los camiones mediante los cuales se abastecen. “Como no tengo transporte, les compro a dos que vienen de Alquízar u otro municipio, general-mente martes y viernes. Para fin de año, los productos vinieron más caros”.
Justo en Alquízar, en la esquina de 88 y 93, encontramos a Luis Ángel Sánchez García con un punto de venta movible y variedad de productos. Al indagar sobre su procedencia, comentó que los gestiona directamente con guajiros, o en El Trigal, de ahí que los precios se parezcan mucho a los de los quioscos. Y otro tanto ocurre en Bauta, donde varios reciben los productos de segunda y hasta tercera mano.
Por si no bastara, otro fenómeno incide en el alza de los precios: muchos carretilleros trabajan —por un jornal— para los dueños de la carretilla, quienes además les suministran los productos. Con tales pretextos no es difícil darse cuenta de que tienen bien ganado el epíteto de revendedores. ¿Por qué no gestionan en los municipios donde residen, y así bajan los precios? Resulta más fácil irse a El Trigal, comprar caro y vender más caro aún, que acudir uno por uno a quienes labran la tierra en su propio pueblo, en busca de viandas y hortalizas frescas y asequibles al bolsillo común.
Muy probablemente, de esas puertas por tocar salen los tomates, cebollas o malangas que luego adquieren en el susodicho mercado de La Habana.
Solución en muchas manos
Los carretilleros coinciden en la necesidad de contar con un mercado mayorista en sus municipios, lo cual les evitaría invertir una gran suma en el traslado y, en cambio, adquirir mercancías a precios bajos. Pero esa no es la solución correcta, pues continuarían como intermediarios de tercera mano. Precisan crear los mecanismos para comprarles directamente a los productores: la vía más idónea para bajar los precios.
Según datos ofrecidos por Mileivis Pérez, subdirectora de operaciones de la Oficina Provincial de la ONAT, Artemisa cerró el año 2015 con 1 167 carretilleros inscriptos. “Es una de las actividades de mayor representatividad en el trabajo por cuenta propia y, a su vez, una de las que más bajas aportan mensual-mente”.
Este martes abrieron nuevos mercados estatales en todos los municipios. Serán una prueba dura para los encargados de hacer sostenible esta idea, y para quienes especulan con los precios de los alimentos. Los carretilleros conseguirán superarla si mejoran sus precios, la calidad de las ofertas y retornan a su tradicional deambular por las calles para llegar a más artemiseños.




