
Los triángulos, el poliamor, las orgÃas y otras muestras de erotismo no exclusivo han sido vapuleadas o aplaudidas, pero ninguna sociedad ha estado libre de ellas. Bien lo saben la historia, la ciencia y hasta la religión.
Lo curioso es que la exigencia de restringir deseos no se extrapola a otras esferas, pues la variedad en el vestir o el comer, las amistades, hobbies u oficios no amenazan la integridad de las parejas en la mayorÃa de los contextos.
Siglos atrás, un matrimonio era tan sólido como lo fueran las razones socioeconómicas o polÃticas que lo propiciaron. Si copular con otra persona contribuÃa a esos intereses, no se consideraba adulterio, sino un «esfuerzo» por el bienestar común. En cambio, la Modernidad santificó el amor romántico como el mejor motivo para casarse y quiso dar por hecho que el sexo extramatrimonial atentaba contra esas idÃlicas alianzas.
Sin embargo, las constantes violaciones de esa regla no han acabado con la institución del matrimonio.
Deseos en la bruma
Duele reconocerlo, pero algunas personas nos fascinan hasta un dÃa en que la magia no nace más. Tal vez sigas amando su compañÃa y no quieras romper el vÃnculo, pero el ser apasionado que languidece en ti clama para darle sentido a tu vida en el plano carnal.
Puede pasar también que alguien a quien no admiras humedezca tus desvelos, o de pronto reencuentres un amor frustrado y la llama resurja, sofocando el grito de tu conciencia. Tal vez logres resistirte a la necesidad de ver, oler o tocar a esa persona, pero no puedes evitar desearle y a veces te atreves a fantasear, de modo callado o abierto, a riesgo de que sus malas acciones dañen tu autoestima y te aterricen en la cruda realidad.
Los triángulos amorosos suelen sustentarse en la promesa de una ruptura que nunca llega: la parte añadida se pregunta cuánto más debe esperar, y la parte «engañada» se debate entre hacer oÃdos sordos o demostrar intolerancia. Por lo general, pesa más una relación probada (familia, hogar, buenos recuerdos, ayuda mutua) que un futuro incierto, aunque se diga lo contrario para ganar tiempo y placer.
Muchas mujeres dicen que no tolerarÃan un engaño, pero las estadÃsticas arrojan altas tasas de perdón femenino, tanto en relaciones heterosexuales como lésbicas; de igual manera crece la cifra de hombres que optan por el «borrón y cuenta nueva». En ambos casos lo que más preocupa es perder el respeto o las recaÃdas futuras.
Además, hay quien sabe que su pareja bebe los vientos por otra persona y aun asà apuesta por conservar el vÃnculo. Tal vez confÃan en que su amor los mantenga a flote o temen que si cortan el lazo estarÃan derrumbando la única barrera que frena su peor pesadilla.
Por eso se califica de ingenua a la pareja oficial, y no a quien asume el rol de amante e hipoteca su vida con las sobras de una pasión ajena… HabrÃa que ver si ese estatus le resulta suficiente, a la luz de su experiencia y su proyecto actual de vida, o si lo hace por baja autoestima.
A tu aire
Un acto infiel no siempre se calcula a priori. Ciertas circunstancias invitan al romance y no falta quien se permita una burbuja erótica, a condición de que todo quede ahà y no afecte la integridad de su hogar. Esa oportunidad es buscada por habituales depredadores que hacen de lo extramarital un deporte, aunque se presenta para otras personas a quienes sà les importa la palabra empeñada.
En ese grupo hay quien se lanza a la aventura y luego no sabe qué hacer con esa plenitud, o cómo confesar el papelazo si el coqueteo estuvo muy por debajo de sus expectativas. Otros declinan ese tipo de episodios para volver con la moral intacta, aunque el diablillo de la nostalgia les arañe de vez en cuando.
Los escrúpulos se tambalean cuando te consta que tu pareja, en similar coyuntura, no dudarÃa un segundo en meterse en cama ajena, pero la sed de revancha puede cegar el entendimiento y hundirte en apuestas demasiado erróneas. Si decides hacerlo que sea para tu auténtico beneficio, y luego respeta el protocolo acordado: ocultar o contar, incorporar o dejar fuera lo aprendido, darte un tiempo antes de volver a sus brazos o seguir como si nada…
Lo crean o no, para muchas personas la traición no está en que te acuestes con alguien más, sino en que trates de ocultárselo si te dejó bien claro que preferÃa saberlo lo antes posible. Esconder es sinónimo de culpa y un indudable menoscabo a los valores que decÃan compartir.
Si aún no tienes claro qué puede devastar a tu pareja en ese punto, promueve el debate (medio en broma, pero muy en serio) y de paso aclara qué eliges para ti, porque nadie está libre de riesgos.
Ante una realidad tan variopinta, cada vez más personas optan por relaciones abiertas con libertad, para tener sexo con alguien ajeno. Lo que se negocia es en qué condiciones: si puede ser o no en el espacio común, si se vale incluir amistades, si lo notificarán antes o se contarán luego los detalles, si habrá una familia colateral…
Hasta en parejas dadas al intercambio (llamadas swingers), hay una ética para el manejo de esas aventuras en cuanto al patrimonio común y la información a terceros importantes (familiares, colegas). Obviamente no se admite negligencia con la salud sexual ni es negociable la prioridad que se otorgan en materia de lealtad emocional, entendida esta como apoyo en dÃas de enfermedad u otros momentos cruciales de la familia y la cooperación en los rituales hogareños.
Sin tales requisitos serÃan apenas un par de «amigos con beneficios», lo que también es válido cuando es de mutuo acuerdo, pero no puede hablarse entonces de pareja formal y, por ende, no cabe el debate sobre la conveniencia o no de la exclusividad erótica.