Para robarles una sonrisa

Nunca está de más verlos sonreir. Ahora…, cuando sus ojitos están marchitos, como señal de que algo anda mal, hacemos de todo para robarles un destello de luz de sus rostros, y no perdemos tiempo: ¡A correr se ha dicho!, en función de sus cuidados.

Contar con un centro que se especialice en la atención a los infantes es una garantía.

Como parte del proceso de transformación, compactación y reorganización del sistema de salud, desde enero del 2015 el hospital guanajayense José Ramón Martínez, solo se dedica a la especialidad de Pediatría, con el objetivo de convertirse en el Pediátrico de la provincia.
Esta decisión, trajo consigo ideas encontradas y desencontradas, pues este municipio ha sido tradicionalmente portador de una cultura hospitalaria, y muchos de sus habitantes no comprendían la necesidad de este cambio, al limitarse solo a la atención hasta los 18 años de edad.  
Construyendo el camino
Desde entonces los principales esfuerzos han estado consagrados a alcanzar un servicio acorde a los requerimientos de una institución de este tipo, para lo cual aún precisan de tesón, apoyo y trabajo conjunto.
Según el doctor Julio César León, especialista en Medicina General Integral, y Pediatría -quien se desempeña como director del hospital-, actualmente cuentan con 16 servicios y aspiran llegar a 33. “El nivel de resolutividad se ha incrementado; será mayor cuando se cuente con la Terapia intensiva”, asevera.
En este momento disponen de 60 camas de ingreso, distribuidas en tres servicios: Respiratorio, Enfermedad diarreica aguda, y Misceláneas.  
Por el Cuerpo de Guardia se ven a diario alrededor de 100 pacientes, y las enfermedades respiratorias agudas son las más frecuentes (por encima del 60 por ciento). Al cierre de mayo fueron atendidos en esta área 11 668 e ingresaron
1 372, con un promedio de estadía de 4.6 y el índice ocupacional se comportó al 70 por ciento.
En ese período recibieron 1 643 remisiones y emitieron 151 hacia otros centros hospitalarios, por precisar los pacientes, de cirugía o servicio de Terapia intensiva.
En el hospital Comandante Pinares, de San Cristóbal, reciben a quienes requieren de cuidados intensivos, allí cuentan con nueve camas. En tanto, remiten a La Habana a los casos quirúrgicos.    
Entre las consultas que solo se brindan en este hospital en la provincia, se encuentran la de Neuropediatría, Nefrología pediátrica, Oftalmología y Psiquiatría infantil, a decir del director.
Alberto Pérez, es el único nefrólogo del centro. Con su incorporación en septiembre del 2014 se abrió la consulta externa de la especialidad. A la par hizo un diplomado en Nefrología pediátrica en el hospital Juan Manuel Márquez, en La Habana, durante un año, y al concluirlo se habilitó un cubículo para Nefrología, en la sala de Misceláneas.
“Los casos más frecuentes en niños no se ven en adultos, por lo que es fundamental la preparación. Se requiere de mayores cuidados”, refiere.
Especial atención se le ha prestado a la formación de recursos humanos. De cara a las pretensiones futuras del centro “ya se graduó una doctora especialista en terapia intensiva pediátrica, así como dos cirujanos pediátricos y una anestesióloga, estos dos últimos prestan servicios en el Juan Manuel Márquez, hasta que se inaugure el servicio”, asegura Julio César.
Agrega que hicieron un levantamiento de los especialistas que no tienen y los que poseen en pocas cantidades, y se ha trabajado sobre esa base.
Actualmente laboran en el Pediátrico 52 médicos (especialistas y residentes), 116 licenciados en enfermería y 24 técnicos en esta carrera, entre otros profesionales.
Desde una de las salas
Vivianis Pérez, tiene 11 primaveras y en el presente año ya ha ingresado en cuatro oportunidades, con infecciones recurrentes. Padece de hipercalciuria (trastorno metabólico genético caracterizado por eliminar muchas cantidades de sales de calcio por la orina y favorecer la formación de cálculos en el riñón).
Actualmente posee un cálculo de 13 milímetros y está pendiente hacerle una litotricia en el Juan Manuel Márquez, para destruírselo y que pueda expulsarlo. En el momento de nuestra visita presentaba una infección urinaria y era preciso tratarla para realizarle ese proceder.
“El doctor le descubrió la enfermedad. Es padre, amigo, consejero; hemos establecido una relación médico-paciente muy buena. El personal de enfermería también se comporta muy bien”, comenta Inelia Cardoso, la madre de Vivianis.
Margarita Fernández ya acumula 45 años de experiencia en la enfermería y labora en el hospital desde octubre del 80. “Me encontraba de misión al transformarse en Pediátrico, y al regresar me incorporé nuevamente”.
Sobre la atención a los niños manifiesta que “antes solo lo hacía de forma esporádica. Requiere el doble: más esfuerzo y mayor preocupación”.
Inversiones para cimentar el futuro
Actualmente laboran en la sala de terapia –la cual se inició este marzo y contará con siete camas -, trabajadores de la Empresa de Mantenimiento Constructivo del municipio. “Tiene como fecha de culminación el 30 de noviembre del presente año. No marcha con la rapidez necesaria”, acota el director.
Así mismo, debe iniciarse la cerca perimetral, para lo cual ya se están cargando algunos materiales. Una brigada de trabajadores por cuenta propia efectuará esta tarea.     
En el 2015 se emprendió el mantenimiento de la sala a la cual será trasladada Respiratorio, que incluyó cambio de carpintería y elementos de baño, así como de la red hidrosanitaria; está pendiente su apertura por los gases medicinales. También, se trabajó en el área de aerosol, curaciones e inyecciones del Cuerpo de Guardia.
Entre las pretensiones futuras, el director señala crecer en un área de consulta externa, hacer un dormitorio médico, y acometer acciones de mantenimiento en la futura sala de Afecciones quirúrgicas, y de Misceláneas y Enfermedad diarreica aguda.
El camino por andar aún es largo, pero paso a paso se guía el rumbo a fin de lograr satisfacer integralmente en la provincia las necesidades en materia pediátrica: una sonrisa más a favor de los infantes.