Manglares: barrera natural de protección costera

Considerados entre las formaciones boscosas que más embellecen el paisaje natural, los manglares ocupan hoy alrededor del 5,1 % de la superficie total de nuestro archipiélago y son los más representativos del Caribe insular.

Suelen localizarse en zonas costeras de origen biológico, acumulativas, cenagosas y con esteros donde haya escurrimiento de agua dulce. Abundan, asimismo, en ambientes salinos, principalmente en los cayos e islas de la plataforma, y tienen la particularidad de ser el único tipo de bosque que puede vivir en contacto con el mar.

Estudios realizados durante muchos años por la recientemente fallecida doctora Leda Menéndez Carrera, investigadora titular del Centro Nacional de Biodiversidad del Instituto de Ecología y Sistemática del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), y quien fuera una de las más reconocidas autoridades en el tema a nivel regional, sustentan que los manglares son de vital importancia para la biodiversidad al ser, por ejemplo, un refugio ideal donde habitan y se reproducen peces, moluscos, crustáceos, reptiles, aves y mamíferos.

Asimismo, el 80 % de las especies marinas, dependen del manglar para subsistir, y muchas de ellas son la base de la cadena alimentaria no solo de las comunidades que viven  en sus alrededores, sino también de los consumidores de productos pesqueros asentados en lugares distantes.

Filtran  los sedimentos y sustancias contaminantes que llegan al mar proveniente de los ríos, además de amortiguar el impacto de las inundaciones absorbiendo y almacenando agua. Constituyen también una valiosa y estratégica reserva forestal.

Cuatro especies conforman básicamente los bosques de mangle en Cuba: mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle prieto (Avicennia germinais), pataban o mangle blanco (Laguncularia racemosa) y yana (Conocarpus erectus).

Están presentes en más del 50 % de las costas cubanas y dentro de las zonas con mayor representación y desarrollo del ecosistema aparece la región occidental, sobre todo desde el cabo de San Antonio a Bahía Honda en el litoral norte, y de cabo Francés a Bahía de Cochinos por el sur.

Según las evaluaciones hechas por la doctora Leda Menéndez y el doctor José Manuel Guzmán, exdirector del Centro Nacional de Biodiversidad, casi un tercio de los manglares cubanos han sido afectados por diferentes causas atribuibles en lo esencial a acciones del hombre.

La relación de las identificadas incluye la contaminación provocada por los vertimientos de residuales químicos procedentes de la actividad agrícola, ganadera y de los asentamientos humanos, la diminución del aporte de nutrientes al ecosistema debido al represamiento de ríos y canales, interrupción de la circulación del agua y muerte del manglar ocasionada por la construcción de viales y otras obras, la tala y alteraciones en la línea de costa.

Pudo detectarse asimismo una tendencia al desarrollo de bosques de mangles con baja altitud y pequeños diámetros en correspondencia con las actuales condiciones de los regímenes hidrológicos, que implican menor escurrimiento de agua dulce y disminución de la llegada de nutrientes y energía.

PROMISORIO RENACER

Tomando en cuenta su condición insular que la hace altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, la recuperación de las poblaciones de manglares es un asunto de máxima prioridad para el país, pues estos constituyen una suerte de escudo protector de las costas al resguardarlas de la erosión ocasionada por el embate combinado del viento y el oleaje de los huracanes y otros eventos meteorológicos. Al mismo tiempo son una efectiva barrera natural frente al progresivo aumento del nivel medio del mar y el avance de la intrusión salina hacia los acuíferos y tierras cultivables.

Resalta también que son capaces de almacenar cinco veces más carbono que los restantes bosques tropicales, desempeñando así otra importante función en la mitigación del calentamiento global.

Dentro de los proyectos dirigidos a rescatar tan valioso ecosistema figura  el denominado Manglar Vivo, que desde el 2014 comenzó a implementarse en el litoral sur de las provincias de Artemisa y Mayabeque donde muestran un apreciable deterioro, con la ayuda del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Con la rehabilitación de los manglares se pretende aumentar la capacidad de resistencia a los impactos del cambio climático de las comunidades localizadas allí, e incorporar la adaptación a dicho proceso en las estrategias de desarrollo local, entre otros objetivos.

Vale señalar que el mangle rojo es el que ejerce mayor protección porque al anclar sus raíces en forma de tenedor estas penetran profundamente en el fondo arenofangoso, convirtiéndose de ese modo en un potente valladar frente a la ocurrencia de grandes marejadas, por solo citar algunos de sus beneficios.

Las acciones investigativas y de cuidado de los manglares en Cuba están respaldadas por un cuerpo de leyes y normativas jurídicas que regulan el manejo y control del ecosistema, fomentando su restauración.

Un paso crucial en los esfuerzos nacionales para promover el crecimiento de sus poblaciones se acaba de materializar con la aprobación por el Consejo de Ministros, el pasado mes de abril, de la Tarea Vida: Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático.

De las 11 tareas previstas, la quinta plantea dirigir la reforestación hacia la máxima protección de los suelos y las aguas en cantidad y calidad, así como a la recuperación de los manglares más afectados.

Como refiere el documento, a corto plazo se prevé sembrar 1 766 hectáreas de manglares de protección al Dique Sur, y otras 1 290 en el tramo comprendido entre Surgidero de Batabanó y Playa Tasajera, a fin de resguardar la zona costera. En esencia se trata, sin duda, de una apuesta por el futuro y el desarrollo sostenible de la nación.