El Moncada de hoy

Los sueños de justicia de José Martí No podían morir en el año del centenario de su natalicio, por eso aquellos jóvenes impregnados del espíritu patriótico del Apóstol  protagonizaron aquel 26 de julio de1953 el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Si el 10 de octubre  Céspedes convirtió La Demajagua en el crisol de nuestra nacionalidad, el comandante en jefe Fidel Castro Ruz transformó el Moncada en el motor  pequeño, la pequeña llama que encendió  la antorcha de la revolución alimentada  por la lumbre  de las ideas libertarias de Martí.

Muchas vidas valerosas se perdieron aquel 26 de julio. Pocos murieron en combate, la mayoría fueron salvajemente asesinados, encarcelados, y torturados como el inolvidable Abel Santamaría, ejemplo de lealtad y valor.

El Moncada fue el bautismo de fuego de los jóvenes inconformes con la miseria, la corrupción y los males sociales que sufría  su pueblo, el Moncada fue la decisión de  conquistar la libertad a filo de machete y con entereza  como nos enseñaran los mambises, el Moncada  y el histórico alegato La Historia me absolverá  pronunciado por Fidel  fueron el programa de la naciente Revolución, fue la alborada de luz  que en medio de las tinieblas  señaló el camino para la construcción del Socialismo.

 Muchas vidas generosas se perdieron allí y dentro de ellos un grupo de artemiseños regaron con su sangre los muros del Moncada. Pero como lo señalara el propio Fidel  estos compañeros, no están olvidados, ni muertos, viven hoy más  que nunca  y sus palabras se transformaron en baluarte de ideas y hoy son el niño, el joven, el obrero, el intelectual o las ciento de mujeres que inspiradas en el ejemplo de Melba y Haydeé hacen revolución  desde cada rincón de esta isla mambisa y guerrillera.

Y ese es nuestro Moncada de hoy, el de resistir y vencer frente a Trump y su obsoleta política, el de desarrollarnos y el de honrar la historia para gloria de aquellos cuya sangre generosa  brilla hoy en nuestra bandera.