
“El odio del fuerte
al débil, odio misterioso e implacable: el odio del que
envidia una superioridad del espíritu y una largueza de
corazón que no posee. El odio del que no inspiraba simpatías
hacia el que las inspira. El odio del mezquino al generoso: un
odio grande”.
“Ni odio contra
los que no piensan como nosotros. Cualidad mezquina, fatal en
las mazas, y raquítica increíble en los verdaderos
hombres de Estado, ésta de no conocer a tiempo y constantemente
la obra e intención de los que con buen espíritu
se diferencian en métodos de ellos!”
“Pero esta falta
de odio, no nos quitará energías. Clementes en medio
de la adversidad; pero ni una línea atrás de n/
absoluto derecho; y fieros, ciegos, si es menester en la hora
de combate”.
“Asesino alevoso,
ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto
de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cúmulo
aislado y absoluto de doctrinas y les predica al oído,
antes de que la dulce plática de amor, el evangelio bárbaro
del odio”.
“El odio no construye”.
“El odio es un tósigo
ofusca, sino mata, a aquél a quien invade”.
“... sólo
son dignos de lástima los que se siembran a traición
incendio y muerte por odio a la prosperidad ajena”.
“... ¿en
qué país, no cría fieras el odio?”
“... ¿quién
sabe dónde va el odio una vez que se le desata?”
“Lo que odia, es
ralea. La ralea de un pueblo es la gente capaz de amar. La soberbia:
ésa es la canalla”.
“... las piedras
del odio, a poco de estar al sol, hieden y se desboronan, como
masas de fango”.
“Hay odios excusables,
que nacen de una aberración, de una abstracción,
de una pasión nacional”.
“El odio canijo
ladra, y no obra”.