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  Venid, tábanos fieros,
  Venid, chacales,
  Y muevan trompa y diente
  Y en horda ataque,
  Y cual tigre a bisonte
  Sítienme y salten!
  Por aquí, verde envidia!
  Tú, bella carne,
  En los dos labios muérdeme:
  Sécame: mánchame!
  Por acá, los vendados
  Celos voraces!
  Y tú, moneda de oro,
  Por todas partes!
  De virtud mercaderes,
  Mercadeadme!
  Mató el gozo a la Honra:
  Venga a mí, y mate!
   
  Cada cual con sus armas
  Surja y batalle:
  El placer, con su copa;
  Con sus amables
  Manos, en mirra untadas,
  La virgen ágil;
  Con su espada de plata
  El diablo bátame:
  La espada cegadora
  No ha de cegarme!
   
  Asorde la caterva
  De batallantes:
  Brillen cascos plumados
  Como brillasen
  Sobre montes de oro
  Nieves radiantes:
  Como gotas de lluvia
  Las nubes lancen
  Muchedumbre de aceros
  Y estandartes:
  Parezca que la tierra,
  Rota en el trance,
  Cubrió su dorso verde
  De áureos gigantes:
  Lidiemos, no a la lumbre
  Del sol suave,
  Sino alfunesto brillo
  De los cortantes
  Hierros: rojos relámpagos
  La niebla tajen:
  Sacudan sus raíces
  Libres los árboles:
  Sus faldas trueque el monte
  En alas ágiles:
  Clamor óigase, como
  Si en un instante
  Mismo, las almas todas
  Volando ex-cárceres,
  Rodar a sus pies vieran
  Su hopa de carnes:
  Cíñame recia veste
  De amenazantes
  Astas agudas, hilos
  Tenues de sangre
  Por mi piel rueden leves
  Cual rojos áspides:
  Su diente en lodo afilen
  Pardos chacales:
  Lime el tábano terco
  Su aspa volante:
  Muérdame en los dos labios
  La bella carne:
  Que ya viene, ya viene
  Mis talismanes!
  Como nubes vinieron
  Esos gigantes:
  ¡Ligeros como nubes
  Volando iránce
  La desdentada envidia
  Irá, secas las fauces,
  Hambrienta, por deciertos
  Y cacinados valles,
  Royéndose las mondas
  Escuálidas falanges;
  Vestido irá de oro
  El diablo formidable,
  En el cansado puño
  Quebrada la tajante;
  Vistiendo con sus lágrimas
  Irá, y con voces grandes
  De duelo, la Hermosura
  Su inútil arreaje:
  Y yo en el agua fresca
  De algún arroyo amable
  Bañaré sonriendo
  Mis hilillos de sangre.
   
  Ya miro en polvareda
  Radiosa evaporarse
  Aquellas escamadas
  corazas centellantes:
  Las alas de los cascos
  Agítense, debátense,
  Y el casco de oro en fuga
  Se pierde por los aires.
  Tras misterioso viento
 

Sobre la hierba arrástrense,

  Cual sierpes de colores,
  Las flámulas ondeantes.
  Junta la tierra súbito
  Sus grietas colosales
  Y echa su dorso verde
  Por sobre los gigantes:
  Corren como que vuelan
  Tábanos y chacales,
  Y queda el campo lleno
  De un humillo fragante.
  De la derrota ciega
  Los gritos espantables
  Escúchanse, que evocan
  Callados capitanes;
  Y mésase soberbia
  El áspero crinaje,
  Y como muere un buitre
  Expira sobre el valle!
  En tanto, yo a la orilla
  De un fresco arroyo amable,
  Restaño sonriendo
  Mis hilillos de sangre.
   
  No temo yo ni curo
  De ejércitos pujantes,
  Ni tentaciones sordas,
  Ni vírgenes voraces!
  Él vuela en torno mío,
  Él gira, él para, él bate;
  Aquí su escudo opone;
  Allí su clave blande;
  A diestra y a siniestra
  Mandobla, quiebra, esparce:
  Recibe en su escudillo
  Lluvia de dardos hábiles;
  Sacúdelos al suelo,
  Bríndalo a nuevo ataque.
  ¡Ya vuelan, ya se vuelan
  Tábanos y gigantes!
  Escúchase el chasquido
  De hierros que se parten;
  Al aire chispas fúlgidas
  Suben en rubios haces;
  Alfómbrase la tierra
  De dagas y montantes:
  ¡Ya vuelan, ya se esconden
  Tábanos y chacales!
  Él como abeja zumba,
  Él rompe y mueve el aire,
  Detiénese, ondea, deja
  Rumor de alas de ave:
  Ya mis cabellos roza;
  Ya sobre mi hombro párase;
  Ya a mi costado cruza;
  Ya en mi regazo lánzase;
  ¡Ya enemiga tropa
  Huye, rota y cobarde!
  ¡Hijos, escudos fuertes,
  De los cansados padres!
  ¡Venga mi caballero,
  Caballero del aire!
  ¡Véngase mi desnudo
  Guerrero de alas de aves,
  Y echemos por la vía
  Que va a ese arroyo amable,
  Y con sus aguas frescas
  Bañe mi hilo de sangre!
  Caballeruelo mío!
  Batallador volante!

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