Ir a Artás   Ir a Siguiente

Quemaba el sol allí la piel y las entrañas, entre las blancas moles de piedra. Iban cincuenta hombres demacrados, pálidos, encorvados bajo el peso de los cajones de piedras, hostigados por los golpes del cabo de vara, aturdidos por los gritos, y era el ruido de cincuenta cadenas, “ y el continuo chasquido del palo en las carnes, las blasfemias de los apaleadores, y el silencio terrible de los apaleados, y todo repetido incansablemente un día y otro día, y una hora y otra hora, y doce horas cada día...” Grilletes como estos usó Martí en prisión en las Canteras de San Lázaro.

Así expresó Martí luego de salir del infierno que era aquella prisión. Algo más de medio año duró el tormento de Martí en el presidio. Allí lo quemó el ardor del sol y de la cal, y lo estremeció el golpe y le llagó el tobillo el hierro del grillete. No pudo evitar que en su casa supieran. Don Mariano podía verlo alguna vez. Martí mismo cuenta el hondo dolor del pobre padre:

"Y ¡que día tan amargo aquel en que logró verme, y yo procuraba ocultarle las grietas de mi cuerpo, y él colocarme unas almohadillas de mi madre para evitar el roce de los grillos, y vio al fin, un día después de haberme visto paseando en los salones de la cárcel, aquellas aberturas purulentas, aquellos miembros estrujados, aquella mezcla de sangre y polvo, de materia y fango, sobre que me hacían apoyar el cuerpo, correr, y correr! ¡Día amarguísimo aquel!¡Prendido a aquella masa informe, me miraba con espanto, envolvía a hurtadillas el vendaje, me volvía a mirar, y al fin, estrechando febrilmente la pierna triturada, rompió a llorar!"

Un amigo de Don Mariano, rico catalán influyente, Don José Maria Sarda, logró que Martí fuese indultado y confinado en la Isla de Pinos, bajo su custodia y en la casa que allí tenía.

Débil, con los ojos irritados de la cal, y herido del roce de la cadena y del grillete, llegó Martí a Nueva Gerona, en Isla de Pinos en el mes de octubre. El señor Sarda lo instaló en su casa en la finca El Abra. Vivíó allí acogido con cariño familiar. Paseaba por el campo, meditaba; le quemaba en el corazón la imagen del presidio - ¡oh!, él habría de vivir para que aquello acabase. Se recogía en su cuarto, leía, escribía... Mostraba su gratitud a la familia bienhechora, con su respeto, con sus atenciones y su ayuda - ¡oh, almas sencillas y buenas! – Paseaba con los niños de la casa; les enseñó a mirar y ver las cosas de la naturaleza; les enseñó muchas cosas, los cautivó con su talento y su gracia de maestro. Pero aquellos días de retiro y de paz duraron poco. A los dos meses fue conducido a La Habana, pues había orden de que embarcara allí para España como deportado.

En enero de 1871, pocos días antes de que cumpliera 18 años, zarpó el barco que lo llevó hasta Cádiz. Los ojos se le prendían en su ciudad, que se le iva apartando poco a poco, cada vez más lejos, y al perder la vista, ya en alta mar, la sombra de Cuba en el horizonte, el joven desterrado debió sentir un profundo desgarrón en su vida.

Martí Adulto

Sin José Martí Pérez.embargo a partir de este momento la vida del joven desterrado fue intensa y su febril actividad intelectual abarcó tanto el ámbito académico y socio–cultural como el político, durante su peregrinar por diversas ciudades de Europa y Latino América. De modo que entre los años 1871 y 1878 matriculó y terminó los estudios universitarios en Madrid y Zaragoza, donde obtuvo los títulos de Licenciado en Derecho Civil y Canónigo y después, el de Doctor en Filosofía y Letra. También publicó en ese período: El Presidio Político en Cuba, Madrid 1871 y La República Española ante la Revolución Cubana, Madrid 1873.

Rumbo a México embarcó en enero 1875 y en marzo colaboró allí en la Revista Universal de México y participó además en conferencias y debates del Liceo Hidalgo. En mayo, se le confíó la sección Boletines de la mencionada revista en la que comenta la actualidad nacional. En diciembre se estrenó, en el teatro principal, su pieza Amor con amor se paga. A lo largo del año 1876 colaboró en distintas organizaciones y en El Federalista.


Ir a Portada
Todos los derechos reservados a
Radio Artemisa
Envíe su comentario aquí
Ir a Atrás Ir a Siguiente