Emilio Hernández Cruz
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS A RADIO ARTEMISA
Historia | Héroes y Mártires | Actividades | Ubicación | Participación | Personalidades | Visitas | Poema
Es poco lo que gana porque escasea el trabajo y no puede ayudar a su familia como son sus deseos y hasta tiene que recibir dinero de su hermano mayor, que era su padrino, para atender sus necesidades. Muchas veces se le oye protestar y gritar en la casa: "Con esta juventud y estos brazos fuertes y que no pueda encontrar trabajo". En los meses anteriores a su partida para el Moncada, trabajaba en el taller de pintura de Luís Acosta, pero para realizar algún trabajo esporádico, pues no logró nunca tener un empleo permanente, que le permitiera cumplir el objetivo que se propuso cuando era niño y abandonó la escuela: ayudar a sus padres.

Este sentido de la responsabilidad que tiene que adquirir, cuando apenas era un adolescente, más la situación económica que atravesaba, hace que no fuera a los bailes, (fue poco fiestero) y que su mayor diversión fuera ir al cine.

Sintió desde muy joven los problemas de su patria. Esto hace que ingrese en la Juventud Ortodoxa, y que se identifique con otros jóvenes que piensas igual que él.

El golpe del 10 de marzo, fue un verdadero impacto para el joven ortodoxo, Decía una y otra vez que no era posible permitir que la juventud continuara sin trabajo, mientras los políticos y los militares se enriquecían, y en varias ocasiones en que se tocaba en su casa el tema del golpe de estado de Batista y su camarilla, daba un fuerte golpe en la mesa, lanzaba una interjección y decía: "hay que acabar con esto".

Al poco tiempo, el mal humor de Emilio comenzó a pasar, ya no se lamentaba tanto de la situación, sino que empezaba a hablar, al principio parcamente y luego con más amplitud, sobre "lo que había que hacer para acabar con ese estado de cosas". Sus padres se percataron de que su hijo estaba entusiasmado con algo. Que tenía confianza en el futuro y que confiaba en que la Patria iba a experimentar un cambio total. Pero, desde luego, no podían imaginar la participación que el mismo tendría en la clarinada del 26 de Julio de 1953.

Amada, su madre, nos dijo en una ocasión.

"El hablaba de un joven que había conocido en la Juventud Ortodoxa y que según enfatizaba, sería el que encabezaría la lucha, tenaz e incansable, para superar la crisis nacional, derribar la tiranía, acabar con el desempleo y la miseria…"  Yo me imaginaba que de quién me hablaba era de Fidel.

En junio de 1953, Emilio me empezó a "preparar". Me decía: "Mamá, tengo en proyecto hacer un viaje a Sancti Spíritu. El dueño de una arrocera me va a enviar allá con un dinero. Tendré que quedarme por aquella zona unos cinco días".

Me sacó la cuenta con los dedos y subrayó: "Cinco días estaré en Las Villas. Tal día estaré aquí de regreso. No me guardes almuerzo, sino comida". Algún tiempo después me enterré que, en realidad había sido enviado en una misión del Movimiento.

El día 24 de julio, momentos antes de partir, para su viaje a la inmortalidad, se acerca a su madre y le dice: "Tengo que llegarme a Andorra, prepárame el baño y ropa limpia y una muda completa en un paquetico, pues cuando regrese sigo para Santiago de las Vegas".
Llegó de Andorra, a las cuatro de la tarde, se bañó y vistió. Daba vueltas en la sala de la casa. Se acerca metiéndose los dedos en el bolsillo del frente del pantalón, saca dos monedas americanas de veinte y cinco centavos y le dice a su madre: "Guárdalas que yo sé que te gustan mucho" y la abrazó para despedirse. Al llegar a la puerta se para y la mira como nunca lo había hecho antes y alzando la voz de forma no acostumbrada, le dice: "Cuando las madres tienen tantos hijos machos en el mundo, tienen que tener un poco más de valor".

Emilio, logra salir de la acción del Cuartel Moncada y es uno de los 10 artemiseños que se reúnen con Fidel, en la Granjita Siboney después del Asalto, pero en su ascenso a la cordillera de la Gran Piedra, se desvía, separándose del grupo.
La dictadura lo da, posteriormente, como caído en la acción, dentro del Cuartel Moncada. 

Horas después del asalto al Moncada, cuando  comenzaron a llegar noticias, su madre pensó que su Emilio estaría Allí. Pero esperó hasta la una de la tarde de ese 26, hora en que él dijo que regresaría. Pero nada, pasaron 11 días de incertidumbre, hasta que le pidieron los documentos de la Junta Electoral con sus huellas digitales para enviarlas a Santiago de Cuba.

La muerte de Emilio no fue en vano, él es parte de esta Revolución, sus ideales de defensa de los humildes, se concretaron en las realizaciones revolucionarias.



Dirección Municipal ACRC
Artemisa
Fuente: Biografías de los Mártires de Artemisa, 1971.


Emilio Hernández Cruz, nace el 28 de mayo de 1932 en una humilde casa, en Mártires No. 37, en Artemisa. Hijo de José Hernández Collazo y Amada Cruz Hernández. Su padre, obrero agrícola dependía de un mísero jornal para mantener nueve hijos, siete varones y dos hembras.

Comenzó a asistir a una escuelita privada del barrio y después en la escuela pública, pero no puso pasar del tercer grado, debía de ayudar a la familia, y a los once años, sin decírselo a sus padres, comienza a trabajar en el taller de Caruncho, para aprender carpintería.  Quería hacerlo rápido para ganar algún dinero. Conociendo algo ya del oficio, pasa a trabajar en el taller de carpintería de Norberto Barrios, que se encontraba en la calle Reconcentrados. Allí se especializa en la construcción de marcos de puertas y ventanas.